Capítulo 10º

    LA PRUEBA MÁS FAMOSA:

    "LA SUPERVIVENCIA"

 

Bien, bien, bien.... un día cualquiera 8 días antes de la Navidad de 1979 partimos rumbo al campo para una semana típica de capacitación (marchas, marchas y marchas... golpes de mano, tácticas de operaciones especiales, etc.) como tantas veces.

Pero esta se convertiría en algo especial. Estábamos a 9 días de finalizar nuestra “querida capacitación” así que por lógica pura si todo el mundo sabía qué pruebas típicas se hacían (conguito, evasión y escape y supervivencia como pruebas de eliminatorias y el resto escalada, orientación, golpes de mano, infiltraciones y el resto de cosas casi cotidianas como las tablas de combate (el ahora llamado CQB (Close Quarter Battle)..) o sea combate en población y demás cosas, y puesto que ya habíamos hecho todo menos una cosa, pues fácilmente deducimos qué nos quedaba por hacer y con sólo 8 días de campo... A ver,  pues no quedaban más que dos cosas que pensar HARÍAMOS SUPERVIVENCIA... o NO LA HARÍAMOS... ese era nuestro gran dilema... Sabíamos que la haríamos pero como la esperanza es lo último que se pierde manteníamos la ilusión viva y despierta en que se olvidarían de hacérnosla pasar... si a fin de cuentas estábamos escuálidos y medio muertos a esas alturas. Bah, que los mandos y monitores no son tan malos en el fondo, tendrán piedad de nosotros y no pasaremos la prueba... a fin de cuentas eran humanos... además en diciembre no hay ni lagartijas, ni casi pájaros, ni frutos, ni de nada en el campo... seguro que nos la perdonan. Eso pensábamos algunos y el deseo de no hacerla era tan fuerte y tan hondo que hasta mirábamos a estas alturas a los mandos y monitores COMO A SERES HUMANOS, con rasgos de personas con sentimientos, con la sombra de sus mujeres, hijos y familias... como padres o hermanos de alguien, como personas que cumplían su obligación pero que lo hacían ocultando sus sentimientos de pena hacia nosotros. En fin, tanto como hermanas de la caridad no, pero casi casi.

Pues nada, salimos como siempre pertrechados de lo normal incluida la comida en forma de bocatas para todo el primer día (como siempre) así que dijimos “JOER SI NOS DAN LA COMIDA NO HAY SUPERVIVENCIA”... qué contentos íbamos hacia Grazalema. Pero heme aquí que a estas alturas ya había yo espabilado un poco, aunque no lo parecía, y mientras algunos cantaban y fumaban yo comenté a no se quienes que estaban más dentro de la caja del camión, que estaba pensando en esconder algo de comida (unas latas que llevaba) y algo de tabaco... por si acaso, que yo ya no me fiaba ni de mi padre. Ellos se rieron de mí obviamente, total eran ya tíos de 22 años y yo había cumplido el día 4 de ese mes los 17... qué gilipolleces decía este chico, pues no ves que llevamos comida y de todo “BOBO”.

En fin que hice oídos sordos de ellos y acordándome de cómo nos hicieron prisioneros en la evasión y escape (en un día normal y como ahora), guardé unas latas de atún y sardinas que llevaba y un par de paquetes de tabaco y cerillas bajo la rueda de repuesto que iba en la caja del camión y tapado el material de la vista.

Pues nada, llegamos a la zona, montamos un campamento base en un molino de aceite abandonado y nos hicieron ir a no sé dónde (no recuerdo) para tenernos entretenidos lejos del equipo que habíamos dejado en el campamento. Tardamos poco, sobre una hora o así, al llegar nos mandaron recoger el equipo que se quedó en el lugar donde formamos al bajar del camión. Al llegar a las mochilas.... MADRE MÍA... estaban abiertas, no había comida, tabaco, estufas de campaña (coñac o whiskis) que alguno llevaba en poca cantidad... NO HABÍA NADA DE NADA, NOS LO HABÍAN QUITADO TODO y sin haber cenado aún... joder, joder, joder..... Se oía de todo: insultos, maldiciones, risas (por parte de algún monitor)... en fin, imaginaos cuando el sargento nos comunicó oficialmente que empezaba la supervivencia y que tendríamos que subsistir por nuestros propios medios los 8 días completos... EN PLENO INVIERNO... Se nos juntó el cielo con la tierra.

Fue entonces cuando los que me vieron guardar MI MATERIAL DE SUPERVIVENCIA BAJO LA RUEDA... me miraron, se miraron, yo les sonreí, ellos me sonrieron, con esa sonrisa que denota que te la van a jugar; en ese mismo instante decidí cambiar de sitio mi material... lo que hice por la noche mientras estuve de guardia (voluntaria, qué remedio).

Esa noche tuvimos bastante suerte, la pasamos relativamente bien con una pequeña marcha de reconocimiento y poca hambre pues veníamos comidos y algunos incluyéndome a mí habíamos devorado en el viaje parte de la comida que llevábamos y aún teníamos tabaco en los bolsillos... yo más porque acostumbraba a llevar varios paquetes repartidos por bolsillos, cartuchera y riñonera y varios tubos de cerillas estancos (por si acaso). En mi turno de guardia me acerqué al camión y saqué todo lo que tenía, cuidándome de dejar algo descompuesta y descolocada la rueda, llevé a un sitio concreto las cosas y las guardé bajo una pequeña roca oculta tras unas matas y a buen recaudo.

Grazalema es una zona de sierra con cotas altísimas y muy pronunciadas. En ellas llueve día sí y día también, a cántaros, tiene el índice de pluviosidad más alto de toda la península ibérica, la humedad es tremenda. Pero me consta que es un paraje de ensueño, aunque en esos momentos más bien era aborrecible y muy, muy frío y húmedo (si no recuerdo mal). A la mañana siguiente, no se como, el sargento tenia un pollo de esos gigantes... nos llamo a todos al rededor del pollo. El animalito se lo entrego a Grajales junto a un cuchillo y a mí una jara de esas de acero inoxidable. Nos dijo, degollar al bicho y recoger la sangre en la jarra que es lo único que vais a tomar caliente en mucho tiempo. JODER, para mas colmo este Grajales no sabía degollar pollos y yo tampoco... así que sujetándole como pudimos empezó a cortarle el cuello por debajo del pico... pero como siempre falla algo el jodido cuchillo, no cortaba bien y más que degollarlo hizo una escabechina con el animal. Yo recogí la sangre en mi jarrita y de repente me dijo el sargento... "CUESTA TU MISMO QUE TIENES LA JARRA... ¡BEBE!"... y bebí... coño me bebí todo menos un dedo...yo que pensaba si este mata el pollo y yo tengo la jarra beberá otro... ya ves yo tuve que bebérmela... bueno a.C. estoy sin pegas... y puedes ver el acto en mis fotos de la comunidad... ¡QUE ES VERDAD JOLINES!

Al día siguiente, tras las consabidas marchas y el cansancio y sin comer nada, que aún se aguantaba bien, llegó la noche y el estómago empezó a pedir su combustible... “alguien” me preguntó por ciertas latitas que no encontraba... y me preguntó que dónde las había puesto. Yo le repliqué que en primer lugar eran mías y no de ellos (el hambre envalentona también) pero que de todas formas yo no las había cogido. Así que en un despiste fuimos y les dije que las cogieron los monitores, pues la rueda estaba descolada (¿descolocada?) de mala manera y hurgada la lona de abajo, con lo que la conclusión era que había sido un registro. Quedaron convencidos ellos, de ese supuesto registro, que por otro lado no era nada anormal, pues ya nos habían registrado las mochilas en su momento.

Así que fui manteniendo mis energías con las 4 o 5 latas que conservé bajo la piedra y los arbustos... y que comía en el momento de irme a “HACER AGUAS MAYORES”, o sea caca. Con esa excusa, iba, cogía la latita, me escondía tras los alejados matorrales y me la comía... Lo lamento por los ecologistas pero qué queréis... las latas, una vez vacías, las enterraba rápidamente donde podía... Si alguien encuentra alguna por esa zona, ya sabe de quién son, que me perdone GREENPEACE, AMEN.

Bueno, pues los días los pasamos entre un hambre tremenda, que comenzó a cambiar los caracteres de la gente, nos hicimos menos compañeros a la hora de comer, más irritables, más huraños, más observadores con los demás (por si se detectaba comida) y en definitiva, más cabrones. Hacíamos constantes marchas, de todo el día, unos 20 o 30 Km. por patrullas. Mientras, otros se quedaban aprendiendo técnicas de supervivencia (hornos para ahumar, hornos de pan, pesca, vegetales comestibles, animales y su caza, etc.). Pescábamos como podíamos (anzuelos de madera, hilo, etc.) material artesanal... algunos pequeños barbos que ahumábamos en nuestro horno de ahumar... muy curioso por cierto. Hacíamos pan con la harina que nos daban (incomestible por cierto), cazábamos con lazos, trampas, etc. (nada de nada). Aprendimos a comer frutos silvestres y plantas... NI UNA COMIMOS... era invierno, unos días antes de Navidad, y no había ni frutos ni animalillos, ni leches... los peces apenas se movían en la gélida agua... o sea que aprender, aprendimos, pero comer, no comimos.

Así que algunos optaron por conseguir comida por medios menos de manual, algo ... je, je, je, je... menos ortodoxos... Coger algún pavo de las granjas de la zona (época en la que estaban listos y gordos para nochebuena)... así que algunos fueron por uno.... con la idea de entrar al corral matarlo y traerlo para comerlo. No sabemos exactamente qué paso, pero vinieron sin el pavo... y nos contaron lo siguiente: saltaron a una granja con 4 o 5 pavos enormes... de unos 10 kilos (creo)... pero no pensaron que cuanto más gordos más mala leche tenían los pavos. Ninguno era de campo, así que decidieron trincar uno, pero el pavo los caló y los miraba como si fuese él el que se iba a merendar a uno de nuestros cuatro compañero... El cabrón del pavo resultó ser un tigre con plumas, que se tiraba a la cara de la gente... con MALA BABA DE COJONES, terminaron corriendo ellos delante de los pavos del corral... saltaban como canguros mientras glugluteaban con el moco rojo subido, y los perseguían, a estos futuros boinas verdes, que con sus cuchillos en la mano más parecía que se defendieran que que atacaran...

En la reyerta ganaron los pavos, demostrando que estábamos todos más verdes que la propia boina... En un momento, alguno pensó en liarse a tiros con los salvajes pavos asesinos pero como había que justificar la munición que se entregó al salir, y como éramos tan pelones que aún no teníamos los cartuchitos (en propiedad) para eventualidades..., pues no se atrevieron por si les caía calabozo.

En conclusión, que volvieron con magulladuras, arañazos y moratones... y los pavos tan contentos. Ná, que no comimos.

En ese trance, uno sacó, de no sabemos dónde, una lata de sardinas o de algo similar, que se puso a comer con un trozo de pan del nuestro... que casi mejor hubiera sido una piedra. Pero le trincó el sargento, y le mando tirar el material al fuego, cosa que sin más remedio tuvo que hacer. Lo tiró y el sargento al poco se fue. Pues al darse la vuelta e irse, algunos se lanzaron a la lumbre desesperados, empujándose y peleando para coger la comida medio incinerada de las llamas, metieron las manos desnudas quemándose algunos y sacaron el genero quemado comiéndoselo con avaricia y con unas miradas asesinas hacia el que se arrimaba. Así pasábamos los días en general, y siempre empapados, llenos de una humedad odiosa.

Una de mis marchas fue hacia el pueblo de Grazalema, pero teníamos que encontrar la casa del cabrero como punto final y retornar al campamento, a la mañana siguiente. Llegar a la cabaña de este hombre nos llevó todo el día, desde las 10 más o menos de la mañana hasta las 5 de la tarde más o menos, justo al oscurecer. La marcha fue como ya se sabe, horrorosa, cansadísima, todo o casi todo el tiempo lloviendo, y muy flojos, que íbamos casi sin comer. Pues sólo nos daban un vaso de caldo al día, un trozo de pan y un huevo (si no nos morimos, de verdad). No éramos los primeros que iban a la casa del cabrero, ni los últimos, pero los que nos precedieron no dijeron ni media (en seguida sabréis porqué). El tramo final era un risco a casi 90º que tuvimos que escalar, casi desfallecidos, a una lentitud pasmosa pues las energías no daban para mucho. Llegamos por fin a la cima de una cota que era como una meseta y en la explanada de esa meseta había una cabaña, ¡LA CABAÑA DEL CABRERO POR FIN! Llegamos para descansar un poco, y decidimos llamar a la puerta por si nos dejaban sentarnos a la lumbre. Eso hicimos y nos abrió un hombre de mediana edad, curtido por la climatología y con evidente pinta de cabrero (boina, pantalón de pana, etc.). Me llamó la atención que el hombre ni se asustó ni se sorprendió, simplemente dijo “pasad, pasad, que venís calados”. Nos contó que él vivía en el pueblo que se veía desde ahí, y nos enseño las vistas. Que estaba en la cabaña porque tenía que preparar unas cosas y que se iba al pueblo en un rato. Lo que me pareció raro es que de oscurecida, si no vivía en la cabaña, estuviese, pues en el resto de cabañas de ese estilo hacía horas que no quedaba nadie (llamamos a varias que nos encontramos), También mi sorpresa ante el aplomo y el no llamarle la atención nuestra llegada y..... porque tenía un armario lleno de latas, sopas de sobre, café y no sé cuántas cosas más.... y sobre todo pan abundante del día... ¿Qué raro, no?... Bueno, pues el buen hombre nos preparó en un pis pas unas sopas, abrió unas latas, partió el pan y nos dio un ágape de cojones.... que terminó con café y leche de cabra... JODER NOS PUSIMOS MORADOS EN MENOS DE UNA HORA. Nos despedimos y volvimos tras nuestros pasos. Llegada ya la madrugada, lloviendo, encontramos una casa abandonada y decidimos meternos en ella para dormir un poco, pues llevábamos buen ritmo y estábamos cerca del campamento. En la casa había chimenea pero no leña... joder, qué faena... no todos llevábamos sacos tampoco... Pero solucionamos la pernocta de la siguiente forma: cogimos un poste de teléfonos, sí, sí, un poste entero de esos de 8 metros, y decidimos ponerlo perpendicular a la chimenea, o sea, metimos la punta y le pegamos fuego con algo de broza y ramitas, así se iría consumiendo y nos turnábamos para ir introduciendo el poste según se consumiera. Grajales y yo nos metimos en mi saco (culo con culo) cerca de la lumbre para de un empujoncito ir metiendo el poste a quemar... pasamos aun así más frío que vergüenza pero menos da una piedra. Llegamos al campamento por fin el penúltimo día. Descansamos y no dijimos ni pío del ágape del cabrero... que les den... hala... sólo el típico “SIN NOVEDAD, MI SARGENTO”. Al día siguiente por la noche terminamos de padecer y nos dieron una buena cena (MENOS MAL). Así terminamos la capacitación, regresamos al cuartel el 22 de diciembre y el 24 nos fuimos de permiso hasta el 30. MAMA NO ME RECONOCIÓ LE FALTÓ POCO PARA LLEVARME A LA UCI o la UVI... joder cómo estábamos de mal.... señor, señor. A nuestro regreso, y después de las vacaciones, nos dieron el aprobado, no a todos, alguno después de todo tuvo que regresar al batallón pues no consideraron que fuera merecedor de la boina. Los demás en un acto breve conseguimos nuestra boina verde... pero no para acabar de padecer si no para seguir padeciendo.

 

Con este capitulo término de dar el tostón al personal y ya no pondré más cosas ni relataré más historietas... Sólo me resta decir que después de 25 años el jefe me reveló hace poco QUE EL CABRERO ESTÁ COMPINCHADO CON ELLOS, POR ESO TENÍA TANTA COMIDA Y NO SE SORPRENDIÓ, ¡QUÉ COJONES!, ¡SI NOS ESTABA ESPERANDO! ... ¿será posible? ¡25 años en la ignorancia!

UN ABRAZO A TODOS Y A TODAS Y ÁNIMO, QUE AHORA YA NO ES COMO ANTES.

 

 

 

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