
Capítulo 8º
LA VIDA CUARTELERA Y
OTRAS ANÉCDOTAS
¿Cómo eran los días en el cuartel?, ¿Entretenidos o aburridos?, ¿Cansados o descansados?, ¿Nos gustaban o no?
Pues los días en el cuartel mejor dicho en la Unidad, pues el cuartel era totalmente ajeno a nosotros. No nos hablábamos con nadie del batallón, una vez con la boina verde puesta ni siquiera los mandos con los que nos cruzábamos se atrevían a algo más que a devolvernos el saludo. Un saludo que hacíamos con la mayor marcialidad posible energía y descaro como diciendo OJO QUE YO SOY ALGUIEN ESPECIAL. No por que les diéramos miedo, si no por que cualquier bronca, reprimenda, arresto o similares hacia nosotros era inmediatamente tomada como afrenta personal por nuestros mandos “a los que mas valía no molestar, por parte de los del batallón”. Estos nos defendían a capa y espada llegando incluso a ir a “conversar” con los mas altos cargos del TEAR si fuese necesario. Pero lo mas común solía ser que ellos (los nuestros) quedaban en que cumpliríamos el arresto por cuenta de la Unidad o que nos reprenderían personalmente. Lo cual de puertas para adentro quedaba en agua de borrajas casi siempre en alguna leve llamada de atención. Como supone el lector me refiero a faltas leves omitir saludo o cosas así, por que si te liabas a bofetadas con un suboficial pues como que te comías el paquetazo sin remisión. Aunque a algún PN se gano alguna buena tunda o similar pero eso era lo de andar por casa NOS TENIAN MANIA PERSECUTORIA Y NOS JODIAN CUANDO PODIAN.... je je je casi nunca eso si, pobres chicos. Pero de momento basémonos en la capacitación, que es lo que nos ocupa.
Pasamos poco tiempo en el cuartel, la verdad sea dicha, pero con momentos muy intensos algunos parecidos al de la “BALA” de algún capitulo anterior (léelo coño). Básicamente éramos como fantasmas en el cuartel, como decía antes, nadie nos dirigía la palabra (algún curso nuestro despistado nos saludaba a lo lejos pero poco mas). Éramos para el resto del batallón algo por lo que tener sentimientos encontrados odio y envidia, pena y admiración, lastima y respeto. Odio por que no éramos como ellos, envidia por que querían ser como nosotros, pena por la “caña” que nos daban y admiración por aguantar lo que aguantábamos y ellos no, lastima por ver nuestro estado casi famélico y lamentable físicamente y respeto por que a la vez estábamos fuertes y hacíamos lo que no se atrevían ha hacer ellos por que estábamos en la ELITE de la Infantería de Marina.
Nosotros a su vez tampoco nos acercábamos a ellos, ni en la cantina... Por varias razones a saber: Por que comenzamos a tener el sentimiento de ser los mejores, por que ellos eran el batallón y nosotros hacíamos “otras cosas” que no podíamos compartir con ellos. Nuestro entrenamiento era totalmente diferente al suyo, más temerario más duro más más más más. No teníamos nada que compartir en ese aspecto. Y otra razón es que comenzamos a juntarnos con los veteranos de nuestra unidad y ha hacer grupos de amistad que a su vez tampoco tenían relación con el resto del TEAR, otras bromas, otro léxico, y a demás por que si surgía la ocasión pues para pelearnos entre nosotros nos peleábamos con los del batallón que entre otras cosas para eso servían, que le vamos ha hacer. Esto era así y ya esta. No era un sentimiento de rivalidad ni mucho menos por que a fin de cuentas ellos no eran rivales en nada de nada, rivales eran las COEs contra los que sentíamos casi desprecio por que tenían la fama que nos merecíamos nosotros y en realidad pensábamos que eran tan pistolos como los demás, rivalidad con los Boinas verdes de los Marines al los que intentábamos hundir en la absoluta de sus miserias dejarlos en ridículo era como nuestro máximo objetivo, hacerlos quedar la mayor veces posible en ridículo y humillarlos eso era casi un clímax, casi como ganar el ORO olímpico, que placer daba verles tirados como trapos, como despojos humanos. Esto lo conseguíamos 11 de cada 10 veces (nótese él numero que esta bien puesto), por que andar lo que se dice andar era superior a ellos, con una marcha de 15 Km. (o sea una marcha floja floja) estaban pá los restos. En fin los yanquis son así de infantiles.
Pero sigamos con lo nuestro, la vida en la unidad era sumamente entretenida y gracias a dios contaba con algunas horas libres para hacer ciertas cosas que cultivaban el espíritu y alegraban el corazón (léase emborracharse), yo no que no me dejaban por crío. Pero si alguno se piensa que a partir de ahora va a leer juergas y entretenimientos se equivoca muy mucho por que nosotros éramos de la UOE, capacitantes (en algún sitio he leído CAPACIPERROS, ¿no Boiro?) nuestra diversión era esa ser CAPACIPERROS 24 horas al día. Y vaya si nos divertía.
Nos levantábamos a las 7 con el toque de diana... siempre que a algún “espabilado” no se le ocurriese levantarnos a las 3 o a las 4 o las 5 o las 6 (como la canción de sabina: Y nos dieron las 1 y las 2... las 3 y las 4... etc. Por supuesto a la carrera, siempre a la carrera. Nosotros hacíamos las imaginarias y los rebajados o excluidos del curso hacían los servicios de cuartelero mientras duraba la instrucción, por que si te tocaba cuartelero al regreso del entretenimiento tenias que terminar tu servicio (no pienses que éramos abusones con los malitos y no aptos). Pues de entrada desayunabas si podías, cosa poco habitual... la de desayunar claro. Por que tenias que ir a la carrera y con una cola de espanto que te consumía el tiempo o por que tenias limpieza después de la imaginaria y entonces ¿para que molestarse? Desayunábamos lo que podíamos en el comedor o bien algo que teníamos agenciado en la taquilla, lo que fuese.
Como ya comente anteriormente corríamos y hacíamos instrucción de combate, pero con el paso de los días cada vez hacíamos menos tablas y mas combate y pista de aplicación (por dios que odio le tengo a la pista y que malo era haciéndola... Señor Señor que cruz). También íbamos a unas casas abandonadas donde hacíamos combate en población, eso estaba bien si no fuera por que íbamos a paso ligero hasta ellas, ja ja ja termine acostumbrándome. Por supuesto que, como no podía faltar, hacíamos bastantes prácticas de tiro en campo soto (no estoy muy seguro del nombre). Y por supuesto NOS DIVERTIAMOS en la unidad y en el club de tropa. Salir salíamos poco, la verdad, era algo molesto pasar revista y mas a nosotros que como nuestros oficiales no hacían guardias pues como que no teníamos un día de mano suave en la revista ya que los otros oficiales nos miraban con lupa ¿nos tendrían manía?. Tan exageradas eran nuestras revistas de paseo que cuando conseguí el curso de paracaidista y me puse el roquisqui en la sahariana de paseo el teniente de guardia me dijo que con eso no salía, que no había ningún soldado en infantería de marina con el curso y que si no venia el oficial o el suboficial de día a explicarle por que lo llevaba que no salía de paseo (imagino que pensaría que me lo puse para tirarme el pegotazo). A si que me volví a la unidad y se lo dije al suboficial de día, pero ya no salí por que se me fue el tiempo en solucionarlo, este creo que fue a ver que pasaba pero ya me dio igual. Por supuesto que mas adelante salía con normalidad con mi roquisqui FALTARIA MAS “eso me pasa por ser el primer soldado paracaidista de la infantería de marina, por listo”.
Como habrá notado el sufrido lector en este capitulo se mezclan cosas de la capacitación y de la vida en el estol... hummm bueno en EL PRIMER ESTOL, claro esta el mío, de los demás no hablare a penas ni bien ni mal por razones lógicas ya que la relación no era mucha, salvo en el cuartel, pues como todo el mundo sabe cada estol funcionaba por su cuenta y riesgo. No en vano cada estol tenía un capitán, un teniente, un alférez, 4 sargentos y unos 6 cabos primeros mas otros tantos cabos especialistas y unos 30 cabos segundos (cabos verdes). Éramos muchos entonces ahora hay bastante menos gente, al menos de tropa. Hace unos días visité a la unidad en Cartagena, durante unos ejercicios, lleve una ampliación de la foto de mi estol en el 79 y me lleno de asombro, pues no sabia que eran menores los estoles, cuando incluso el Tte. Col. Contaban con el dedo cuanta gente había, los contaban medio sorprendidos medio añorantes. Alguien me pregunto ¿Tanta gente había en el primer estol?... Hummmmm ¿tanta?.. pues eso es un estol normal y faltan algunos que no estaban ese día, ¿pero es que ahora no son así los estoles?, respondí... pues no ahora son mas pequeños no tienen tanta gente, me dijeron. La verdad es que desconozco la composición de los estoles actualmente... pero he de reconocer que me hizo gracia ver como contaban las caritas de los que aparecen en la foto.
En capacitación vivíamos en el cuartel incluso bien, la verdad, pues no recuerdo que se nos puteara (al menos a mi), por parte de los veteranos, alguna chorrada como levantarnos de madrugada a formar pero nada en particular nada destacable que yo recuerde ni siquiera cuando fui veterano. Pues no recuerdo yo ninguna historia rara durante la capacitación. Si recuerdo una llegada de capacitantes a los que se les hizo alguna perrería subida de tono, pero solo una, a los demás cursos se les gastaba una broma la primera noche pero nada exagerada ni vejante ni lesiva ni cosas así. El caso es que el resto del tiempo lo único que teníamos que tener presente es que nosotros éramos los nuevos y que igual que la escala de mando había una escala de veteranía que era respetada por todos, aun que a alguno no le gustase demasiado. También recuerdo que los que mas en contra estaban de esa escala veterana, cuando eran nuevos, se volvían los mas tiranos de los veteranos cuando tenían a alguien a por debajo, supongo que es ley de vida “nunca sirvas a quien sirvió” dice el refrán y con toda la razón.
Durante la capacitación teníamos que dejar sitio en el sofá de la tele a los veteranos y poco más, algún recadillo al club de tropa, a veces a costa de nuestro bolsillo, pero convidábamos con gusto prácticamente todos. Por lo demás hacíamos vida al margen de los estoles que además estaban casi siempre fuera de la Unidad. Recuerdo que en una ocasión nos aconsejaron por orden del capitán, de capacitación, ir a ver la recién estrenada película PATOS SALVAJES, que trataba de un COMANDO de MERCENARIOS en África. Fuimos prácticamente todos, claro esta, y me ocurrió algo que supe aprovechar mas adelante. La película era para mayores de 18 años (en aquella época la vida era así) y pedían el carné si dudaban de tu edad, evidentemente mi complexión y cara me delataban como menor de esos 18 años por lo que no podía entrar nunca a ver esas películas para mayores. Películas que todo el mundo ansiaba ver a la edad de 16 o 17 pero que no podíamos. Pues el caso es que llegue al cine con mis compañeros y al entrar nadie se atrevió a pedirme el carné. Así que pensé que como iba de uniforme algo pasaba.
Con el primer permiso de navidad yo que era aun un chiquillo no podía evitar, lo juro que no podía, el llegar a mi barrio en Madrid e ir de uniforme para tirarme el rollo con mis amigos y amigas, amen de que era obligatorio y en esa obligatoriedad me excusaba para fardar y vacilar, cosa normal en esa edad. Pues íbamos a los bares y mis amígueles no podían pedir mas que alguna cañita o claras (cerveza con gaseosa) pero nadie les ponía ni cubatas ni bebidas de índole fuerte, antes no podíamos beber esas cosas. Pero que coño yo SI, así que para tirarme el pisto pedía Whisky o cubalibres y los pedía para todos... ja ja ja es que el uniforme mandaba mucho... nadie me ponía pegas ni ná de ná. Y una vez decidimos ir al cine pero en el grupo de amigos había algunos de 18 de 17 otros de 16. Los grandes decidieron joder con el cine e ir a ver una de mayores (no recuerdo cual) pero fuimos todos unos a sabiendas de poder entrar y otros a ver si se colaban. Yo con mis dudas pero de uniforme (que estaba yo muy aparente hombre) saque mi entrada y pase sin ningún problema y sin pedirme el carné de identidad... como un hombretón. Al término del cine me reí mucho de todos los demás por bobos. Que queréis si es que todos necesitamos alguna vez nuestro momento de gloria. Dios como disfrutaba... entrando a las discotecas mas tarde de las 10 de la noche, cines, bares, salas de fiesta y todo estaba a mi alcance. Lo mejor de todo era dar ENVIDIA a mis amigos. Sobre todo por que invitaba a alguna amiga a venir conmigo y a ella tampoco le ponían pegas... JODER COMO DISFRUTABA YO ENTONCES.... ja ja ja ja (si es que tengo que reírme).
Haciendo honor a la verdad también recuerdo un día que no se cual fue la razón pero nos vimos en el patio desde las 5 de la tarde hasta no se que hora, algo habríamos hecho mal, de faena y remangados con el mosquetón. Nos ordenaban reptar, correr, reptar con los codos, correr, tabla de combate, correr, reptar... así durante varias horas. El caso es que recuerdo el castigo pero no la razón, fue muy molesto mas que nada no por el ejercicio o el “puteo” si no por que como el patio era también el del club de tropa pues jodía bastante ver como entraba la gente a tomarse sus pelotazos y a sacarse la sillita con el cubatita a ver el show por que el espectáculo era digno de ver y de gozarlo (yo hubiese hecho lo mismo). Entre el publico asistente que nos observaba divertidos unos, lastimosos otros... cabrones los más, siempre había quién cuando pasabas cerca de ellos te decían... ¿NO QUERIAS UOE?... PUES TOMA UOE JA JA JA JA.... lo peor es que solían ser cursos nuestros. Menuda panda de mari... en fin qué le vamos ha hacer. Como ves servíamos incluso para entretener las tardes de asueto y divertir a la tropa aburrida. HACIAMOS DE TODO ¿verdad?