
Capítulo 7º
"EL CONGUITO"
A primeros de diciembre del 78, comenzamos ha realizar una serie de tres pruebas claves en nuestra capacitación. Estas pondrían en juego todo lo aprendido topografía, golpes de mano, infiltración, exfiltración, técnicas de ocultamiento etc. Una de ellas era el conguito, que si no recuerdo mal era el nombre de la prueba principal de una semana en el campo donde en los 5 días, de esta, realizamos golpes de mano, infiltración y exfiltración, para culminar con el conguito propiamente dicho.
Si mi mala memoria no me falla (que seguro que si) comenzamos en estos días con una serie de golpes de mano e infiltraciones para terminar, sin saber como corriendo y apostándonos en cualquier escondrijo mientras éramos perseguidos y acosados por una tropa de soldados (de los estoles) que nos dieron muy mala carrera y nos hicieron pasar una noche infernal. Sin encontrar una razón lógica en un golpe de mano bien planeado por nuestros monitores, nos encontramos con una fuerza superior a lo previsto y con una serie de patrullas que vigilaban los alrededores del punto escogido para el golpe. Ante lo cual tuvimos que retirarnos, pero como es lógico puesto que sabían que íbamos (a ver, si ellos lo tenían planeado los muy puñeteros...) al ver que la situación nos desbordaba utilizamos la táctica de exfiltración por binomios de “sálvese el que pueda”, para acudir al punto de reunión de la evasión. Pues estos futuros compañeros de estol, “cazaron” a alguno y comenzaron no sin poco ruido a batir una amplia zona en línea con un intervalo de 3 metros o a si. Ruido y griterío que amen de comunicarse entre ellos, por donde se veía rastro de mis compañeros, no hacia más que acojonarnos a los que no habíamos caído en sus garras... se oían cosas como:
¡Por allí va uno, id por él y patearle los hígados!, ¡AQUÍ AQUÍ, VENID QUE HAY ALGUNO... VAMOS VAMOS... DEJADME A MÍ QUE TENGO AFILAO EL MACHETE Y LE VOY A CORTAR LOS HUEVOS!
Valgan estas frases como ejemplo. Entre el griterío y algunos disparos que terminaban por dejar helado a cualquiera (luego supe que eran de fogueo).
Dicho así parece que éramos imbéciles, por que ahora todo el mundo sabe que no se dan “tortas” ni “cachetitos” a los soldados que ya son profesionales y la unidad es más humanizada. Pero amigos antes, era HUMANA no humanizada (gracias a dios y que él me perdone). Teníamos el reglamento famoso de CARLOS III, y no había oficina del defensor del soldado (gracias a dios y que él me perdone), ni se podían plantear denuncias a pelo de un superior y si morías en acto de servicio se te rendían honores militares y te daban una medalla a titulo póstumo (como dios manda, no es broma que en mi memoria tengo compañeros caídos con todos los honores). Así que te pensabas que desde 4 ostias hasta 3 tiros te podía pasar de todo. Pero no señor que estaba todo pensado para dar miedo nada mas, la munición era de fogueo y los guantazos solo hacían ruido, ¿qué pensabais que nos tenían puteados, abofeteados y se cargaban a alguno según el día que tuviese el sargento? Pues no, los mandos andaban como nosotros, dormían al raso bajo la lluvia, pasaban calamidades como las nuestras (bueno no hacían guardia en los vivacs, pero que cono nosotros tampoco en el cuartel), compartían su agua y comida con la tropa, y el agua del mar les mojaba como a todos. Algunos también se perdían en el campo, a pesar de ser Alféreces o Tirillas cosas que pasan. También tenían sus puntos de mala baba, pero nosotros también éramos la leche de cabroncetes. ¿O no? Pues eso. Perdón que se me ha ido la olla...
Pues en ese sentirnos acosados, perseguidos y probablemente capturados pues aun no habíamos hecho la evasión y escape y como nos habían dicho que no darían pal pelo, pensamos que era ese día, osease canguelo al máximo. Nadie sabe como se nos encendió el automatismo a casi todos y a pesar de nuestro novatismo, pelonería, inexperiencia y demás. Nuestro cerebro comenzó a controlar nuestro miedo y reaccionamos como nos habían ensañado. Como era de noche no corrimos, andábamos lentamente, nos ocultábamos tras las matas, árboles y rocas, y cuando los perseguidores nos cercaban nos pegábamos al suelo rodeando un arbusto como una albóndiga o algo similar, escondiendo nuestra arma bajo nosotros y sin pestañear, la inmovilidad es clave para pasar inadvertido en la noche, la templanza me hizo permanecer quieto como una roca mas del paisaje y los que me perseguían pasaron a 2 o 3 metros o menos de mi sin percatarse de mi presencia, arropado por las ramas que pendían de un matorral, en cuya base me había enroscado y cubierto con su follaje. Así salve el tipo, escondido e inmóvil, tanto yo como casi todos gracias a la inmovilidad y el sigilo pasamos inadvertidos entre las filas de los perseguidores. Solo capturaron 3 o 4 de 28 o así que éramos. No esta mal ¿verdad? No tuvimos que acudir finalmente al punto de reunión, pues cuando se vio que era prácticamente imposible capturar a ninguno mas, se dio por suspendido el ejercicio y nos avisaron para que nos concentráramos donde estaba nuestro sargento.
Pues bien al final de la salida seria el jueves por la noche nos preparamos para un nuevo golpe de mano. Pero al desembarcar de los camiones nos llevaron a un sitio, que no sé aun cual es, donde había un bunker de esos de la guerra civil, así nos hicieron parapetarnos en un terraplén a unos 4 o 5 metros de el.
Comenzaron a llamarnos y a quien llamaban se metía en el bunker, cuando salía no sabíamos por donde ni como, pues no regresaba a nuestro lugar entraba otro. Nosotros solo oíamos ruidos y luces por las troneras de muy corta duración. Unos gritos que se nos antojaban de dolor, y otros de amenaza que salían del interior de la construcción mientras había algún compañero dentro, al tiempo que se iluminaban ciertas zonas de la construcción debido a las detonaciones que se producían dentro, detonaciones de cetme, cuyo fogonazo despedía luminosidad a través de las troneras, que en otro tiempo servían para apostar ametralladoras y soldados. Y que hoy servían para hacernos pasar, una vez más, las de Caín. Seguíamos pensando entonces que al que entraban le ponían como a un eccehomo a bofetada o a saber que más. Y lo de las detonaciones sobrecogía. A demás como no volvíamos a saber nada de los que entraban pues peor que peor.
Por fin me llamaron, me hicieron dejar el arma y el correaje cerca de la entrada a un monitor que lo recogió. Las instrucciones fueron claras y concisas, entra por el pasadizo y sal del bunker como puedas.... por cierto solo hay una salida posible... Un empujoncito y para adentro.
Me pegue a una de las paredes y la oscuridad se fue haciendo casi total, hasta que se acabo el pasillo y gire, no recuerdo a que lado. Seguí unos metros lento pero ACOJONADO del todo, a ver ¡como estaríais vosotros!, de repente sonó un disparo de cetme a unos centímetros de mi oreja izquierda lo que me permitió ver durante un segundo que estaba en una sala con varios pasillos, y la figura de un monitor que comenzó a gritarme y a darme con la culata del chopo en los riñones y por donde pillo... Así que acelere el paso pegado a la pared para zafarme de este desagradable hombre. Encontré el primer pasillo con la mano derecha, e intente ir por él, pero joder estaba mas bajo que el primero y la mano no tanteo hacia arriba así que al desplazarme en su interior, el dintel quedaba unos centímetros mas bajo que yo con lo que me di un tremendo coscorrón en la frente, que sonó a hueco (por razones obvias) y que me hicieron dar mi primer gran grito de dolor, ahora sabia por que oía los quejidos desde fuera, no eran a causa de los monitores que empujaban mas que golpeaban eran por que te dabas unas leches tu solito contra los bordillos y dinteles que no veas.
Continué así durante un rato interminable, mientras que por diversos lugares se encontraba uno con otros monitores que disparaban cerca de ti te empujaban y chillaban. Así recorrí una buena cantidad de pasillos y salas, (imagino que pasaría varias veces por el mismo sitio) y se me hizo eterno y kilométrico el encontrar la salida. Al fin entre en una sala que tenia un ventanuco algo mayor que las troneras que había ido viendo en mi paseo, unas troneras que de cuando en cuando tocaba para ver si daban mi medida, pero no la daban, eran bonitas pues dejaban pasar la luz de la luna formando unas bandas luminosas blancas. Pero esta vez no era una franja de luz blanca pálida, si no un cuadrado no demasiado grande en principio, así que me acerque a el mientras alguien me puso la zancadilla, me echo algo de agua, y disparo. Ese fue el peor momento. Vi la salida corrí hacia ella y de repente, a muy poco de escapar de esa tortura, caí. Caí al suelo y cuando me intentaba incorporar me golpeaban volviendo a caer, que desesperante que sensación la salida a pocos metros y algo te retenía, no podía llegar me faltaba poco y si embargo estaba aun tan lejos... Por fin reaccione automáticamente, sin sentir el dolor de los golpes ni las detonaciones ni nada de nada, solo una idea fija nublo mi sentido, saltar por la ventanita al exterior, mi fuerza se doblo y en un pronto salto, algo reflejo, me lance en una carera de tres o cuatro di un salto y como si fuera a lanzarme a la piscina estire los brazos y comencé a deslizarme por ese ventanuco, que tendría una anchura de unos 30 o cuarenta cm. En cuanto mis manos notaron la fresca brisa, se doblaron hacia abajo aferrándome al borde de la ventana mientras hacían fuerza para sacar el resto de mí desvencijado cuerpo. Pero con el obcecamiento casi inhumano que tenia por salir de allí no me percate que el borde superior del marco exterior de la ventana debía tener un alero o un ángulo distinto al horizontal, y mi coronilla golpeo este haciendo que mi morro diese otro golpe con el borde inferior, fue un golpe fuerte pero no dolió, no dolía nada de nada. Perecía que todo mi sistema nervioso estaba exclusivamente en la salida. Al tiempo que me golpeaba la cara con el borde, alguien echaba un cubo de agua helada en mi cara mientras décimas de segundo después mi tronco caía hacia el suelo un metro o así mientras mis piernas salían del bunker. POR FIN ESTABA FUERA, RESPIRABA AIRE FRESCO Y PURO... Dios mío que sensación de bienestar después de tanto rato en las entrañas de ese odioso bunker. Me nos mal que no tengo ni un ápice de claustrofobia... Pero alguno si la tenía y lo paso incomparablemente mal, muy muy mal.