Capítulo 6º

        LA BASE DE TODO O CASI

        TODO: EL GOLPE DE MANO

NUESTRO PRIMER GOLPE DE MANO EN CAPACITACIÓN

 

Tras numerosos días de teoría, tablas de combate, marchas diurnas y nocturnas, topografía, técnicas de combate, y un buen etc. Incluyendo en estas cosas los paseos por el patio de madrugada a paso ligero, o las vueltas dadas a este, reptando y remangados, con nuestro amado máuser. Que tiempos estos que algunos pasaron durmiendo con el obús de la puerta... durmiendo, duchándose, viendo la tele, en las letrinas. Un obús, del que ya hice mención en un capitulo anterior y que amen de servir para dar vueltas al patio, servia para convivir con él como si de un apéndice del propio cuerpo se tratara, había hasta que metérselo en la cama para dormir. Vamos un numero verlo en vivo y una “PUTADA” padecerlo en las propias carnes.

Tras esta introducción para entrar en calor, os contare como fue nuestro primer golpe de mano. Aunque haciendo honor a la verdad mas que un golpe de mano fue una algarabía propia de un puñado de chiflados jugando a ser guerrilleros y no consiguiendo mas que una verdadera película de risa.

Pues bien, antes se nos enseño como había que andar en distintos terrenos: terreno con hojarasca, hierba, piedra, arena, asfalto... Es decir terreno duro, blando y ruidoso. En ninguno se andaba como normalmente lo hacíamos, pues el ruido de las pisadas delataba a la patrulla. Se andaba de puntera, de talón, con el canto del pie, gateando, etc.

Como la acción se realizaba de noche, la aproximación al objetivo era una marcha nocturna sin mas pero con una excepción que cuando se paraba, cosa que se hacia cada poco rato, por detectar un ruido o pensar que una patrulla enemiga se acercaba, en vez de tumbarnos o charlar en voz baja, tomábamos posiciones defensivas in situ. Hasta ahí bien, como casi siempre, con todos los porrazos y demás calamidades propias de la acción. El problema venia cuando quedaban pocos metros para el objetivo, el paso y el avance se hacían lentos, la observación ocupaba parte de la noche, y el ataque se veía mermado por las bajas propias. Menudas bajas, unas bajas mortales de necesidad al que le tocaba se quedaba tieso en el suelo pero no muerto, no hombre... DORMIDO, totalmente dormido. Tanta lentitud y espera daba como resultado que de cuando en cuando algunos a la hora del asalto ya llevaban dormidos varias horas. Nada fuera de lo corriente y nada anormal en esa época, pues el sueño era un enemigo implacable y tenaz, que acabo con todos en algún momento de esta capacitación.

Pues si, en esta ocasión recuerdo bien, no recuerdo quien, pero cuando fuimos a asaltar la posición para colocar las cargas explosivas, faltaban más de uno que estaban total mente dormidos en brazos de Morfeo, hubo que retroceder para despertarlos. Eso no seria nada anormal si no fuese por que aluno roncaba como una locomotora y con toda seguridad había delatado con sus ronquidos a todo el equipo de asalto. Sin contar por otro lado el excesivo ruido que hacíamos en casi todos los aspectos de la aproximación. Estábamos verdes del todo, era la primera vez, realmente no sabíamos si los bultos que veíamos entre nosotros y el objetivo eran personas o solo bultos, pues todavía no discerníamos bien y cualquier matojo o sombra parecía una persona y a demás si lo mirabas fijamente, no teníamos la técnica de mirar por el rabillo del ojo, se movía. Se movía pero de verdad ante nosotros, rocas, arbustos, troncos, etc. Por la noche cobraban vida y movimiento. Si los mirabas fijamente unos segundos gesticulaban y cambiaban su forma siempre asemejándose a personas, en pie o agachadas, parecía que se desplazaban de su sitio recorriendo varios metros. Era una cosa inédita para nosotros, pero con el tiempo seria común y nos acostumbraríamos a realizar las observaciones, de reojo o con golpes de vista ligero y corto. No fijábamos nunca la vista en ningún objetivo salvo con la plena seguridad que era un enemigo.

Pero de momento de 6 u 8 vigilantes que eran, parecían 100 pues todo era para nosotros el enemigo. Alguno se acerco a eliminar a un centinela agazapado, con una técnica que ni el RAMBO, silencioso como la muerte, lento como tigre, letal como la víbora y saltando contra su victima dio de morros con una roca dura e inerte. Matojos que observaban nuestros pasos se convertían en enemigos vigilantes.

En fin un numero de comedia, por que a estas alturas estoy seguro que los que vigilaban estarían muertos de risa y habrían recibido ordenes de los monitores de disimular todo lo posible para no frustrarnos, pobres. Los monitores estaban también de vigilancia, pero fijo que nos habían detectado hacia muchos metros a tras, pero no dijeron ni pío.

La aproximación, por la parte que me toco a mí, fue más o menos bien hasta unos 20 metros de la casa, que simulaba el objetivo, nos movimos muy lentamente reptando sobre la puntera y los antebrazos para evitar cualquier ruido. Era una noche mas o menos tranquila, con una ligera brisa, fría noche de otoño y bastante húmeda que junto al sudor daban una sensación de frialdad tremenda, pues pasábamos largos minutos inmóviles en el frío y húmedo suelo. Íbamos vestidos para la ocasión, con unas botas de I.M: Pantalón de faena verde, jersey de lana a juego con hombreras protectoras, completaba la vestimenta un pasa montañas a modo de gorro dejando libres las orejas, que se sentían como frías ellas. Como complementos del modelo de noche portábamos ceñidor de combate del que colgaban el botiquín individual y cantimplora en la parte de la espalda, a ambos lados los portacargadores a juego con el color del vestuario. También acompañaba al conjunto una discreta mochila de combate, de color caqui, probablemente de las usadas en corea, esta se cargaba con un uniforme completo incluida botas y muda todo en una bolsa de plástico bien cerrada que una vez dentro hacían una mochila perfectamente impermeable, la bolsa era de estas de basura o similar. Por ultimo para completar el equipo de noche, para ir totalmente conjuntado llevábamos un subfusil Z60, muy práctico para ocasiones desesperadas, con 10 cartuchos de guerra (a devolver en el cuartel). Como maquillaje de noche lucíamos un esplendoroso color negro en la cara y un peinado típico de “AL 1”, bajo el pasamontañas. El maquillaje era del tipo “TAPON DE CORCHO QUEMAO” resistente al agua, al sudor e incluso a la lejía, para no gastar demasiado de este producto de “belleza” las manos en vez de pintarlas las cubrimos con un cómodo par de guantes de lana que como único defecto tenían que anulaban completamente el tacto de las manos haciendo casi imposible saber lo que se toca y mucho menos entretenerse en los ratos de espera hurgándonos la nariz, pues el dedo índice enguantado no entraba en el agujero nasal.

De aquesta guisa, aparecimos en las inmediaciones del lugar, esperamos, esperamos y al cabo de un par de horas comenzó el asalto, recuerdo que yo tenia que dar cobertura y protección al que llevaba un paquete de cargas (dos tacos de madera rojos con unas cuerdecitas), cuando avance varios metros me di cuenta que estaba solo ante el peligro y que mi compañero yacía inerte unos metros a tras. Tuve que volver a ver cual era el motivo que le retenía y me di cuenta que estaba totalmente frito. Cualquiera dirá ¿y tu que?, ¿Qué... eras muy machote?, ¿Qué pasa que no te dormiste nunca?.. Toma pues claro, coño, yo también me dormí varias veces... pero a la hora del avance me desperté, pues tenía el sueño ligero. Esa es la diferencia, que los otros tenían un sueño muy pesado y no se enteraban de nada cuando se dormían. A ver ¿qué pensabas?

Pues bien, después de despertarle, avanzamos hacia nuestro objetivo, que incomprensiblemente estaba despejado, pero antes de poder colocar nada salieron de la casa los monitores y nos pillaron en bragas a todos, terminando el golpe de mano en un rotundo fracaso, como era de esperar, estrepitoso y frustrante, pues pensábamos, que salvando unos pequeños detalles, lo habíamos hecho bien. En pocos meses nos daríamos cuenta de lo inútiles que éramos en ese tiempo.

 

 

 

        Capítulo 7    Artículos

©Asociacion Veteranos UOE 5º ESTOL