
Capítulo 4º
MÁS DE CÓMO ESTÁBAMOS
Y LA PRIMERA MARCHA
Continuábamos haciendo instrucción, rápidamente, aumentando las tablas de combate con movimientos defensivos y ataques cuerpo a cuerpo. Estos se repetían incansablemente para los que los ordenaban y agotadoramente para nosotros. Repetíamos una y otra vez todos los movimientos: en pie, cuerpo a tierra, prevengan, golpe lateral, golpe frontal, etc. reptábamos como serpientes; el polvo y la arena se mezclaban con el sudor y algunas gotas de sangre formando un barro indescriptiblemente molesto en nuestros uniformes y nuestra piel. Comenzamos a sentir la fatiga y nos dormíamos en cada momento de la tarde.
Pero para padecer aun más no se permitía, en las horas de descaso, usar las camas para nada y si te pillaban durmiendo en cualquier rincón te despertaba cualquiera diciéndote algo como: “Aquí no se duerme nada mas que después del toque de silencio”. Así es que escapábamos al maldito parque a escondernos, cuando podíamos, y dar un sueñecito que otro. A tal punto llegaba el cansancio que no íbamos a comer por dormir unos minutos. A todo este cansancio, había que añadir las heridas causadas en varias zonas del cuerpo, ¿he dicho varias?... que puñetas en todo el cuerpo. Magulladuras, moratones, cortes, raspaduras en la piel, y rozaduras adornaban cada centímetro de piel y contribuían a dar un aspecto cansino y deplorable al termino de cada ejercicio, amen de que el sudor hacia que las heridas diarias escociesen a rabiar.
Algunos, yo no tuve nunca, sufría de heridas en los pies que intentaban curar todos los días sin ningún éxito; estos se quejaban profusamente de ellas; pobres llamaban heridas a pequeños roces, no sabían aun lo que era tener los pies llagados. Pero lo aprenderían pronto.
Todo esto iba conformando nuestra fisonomía, estábamos delgados en extremo, pero se notaba una fortaleza corporal que no tenían los demás soldados del batallón. Nos obligaban a asearnos diariamente; estaba prohibido llevar barba o bigote, el uniforme debía esta perfectamente limpio y las botas brillar siempre. Un arduo trabajo que nos ocupaba prácticamente la mitad del tiempo libre.
Para asearnos usábamos lógicamente los lavabos y duchas (que el capitán de jardines tenia a nuestra disposición solo al termino de la instrucción de la mañana y 10 minutos nada mas) el resto del tiempo era su voluntad la que gobernaba nuestro aseo.
Para la ropa usábamos “LA PILETA” que era casi una balsa, con unos 10 metros de largo por unos 3 de ancho. Este embalse de agua no tenía como los aseos a ningún "capitán" de nada y podíamos abrir el agua a nuestra voluntad. En ella lavábamos y nos lavábamos así como el material usado (zodiacs, tiendas, etc.) era adecentado en ella. La ropa la lavábamos a mano con pastillas de jabón lagarto y cepillos de raíces, frotábamos como verdaderos posesos. Llegue a pensar que la suciedad no salía por efecto del jabón, si no que era “ARRANCADA” de la ropa por el efecto de nuestros brazos y el cepillo; ¿usar jabón era necesario?
Todo lo hacíamos corriendo y corriendo, asistíamos por las tardes a teórica corriendo. Y para no recibir demasiados reveses decidí aprender corriendo todo lo que me enseñaran. Aprendí bien y pronto la topografía, a usar la brújula, orientación, técnicas para andar sin sufrir heridas o ampollas. Por lo pronto eso fue lo primero que aprendimos. ¿Con que objeto aprendíamos todo eso para andar?, ¿Si solo hacíamos instrucción?.. Además si preguntando se llega a Roma para que queríamos saber tanto... joer te pones detrás del mando andas y listo; el te lleva al sitio adecuado.
Eso era un pensamiento general entre la gran mayoría de nosotros, pero como dicen que más vale prevenir que curar yo aprendí y aprendí muy bien, pensé que en ello me iba el curso pues era consciente que mis capacidades físicas eran algo mediocres. Decidí estudiar y tomar una actitud observadora, no quejarme, no gruñir, obedecer sin reticencias, etc. La verdad es que me funciono bien y termine el curso obviamente.
Pasado un tiempo de clases y carreras e instrucción, por fin, salimos un día al campo. Iba a ser una salida de 3 días, si no recuerdo mal, preparamos el día anterior nuestro equipo: saco, mochila mudas, botas de repuesto, correaje, cantimplora, etc.
Nos montamos en camiones y partimos hacia algún lugar de Cádiz, alguna sierra desconocida para mí y para los demás. Íbamos contentos bromeando, en la caja del camión, Llevábamos por fin armamento real, que nos habían enseñado a usar unos días antes en el campo de tiro, y unos 10 cartuchos de guerra para una eventualidad. Llegamos a un cortijo semiderruido y abandonado donde montamos el campamento.
Esa misma tarde hicimos una marcha corta por grupos con un cabo instructor a la cabeza de cada uno. La marcha consistió en un reconocimiento del terreno y en aprender como usar el plano y la brújula in situ. Esa noche descansamos (creo que fue la única noche en el campo durante mi estancia en la UOE que la pasamos descansando).
Al día siguiente nos reunieron y marcaron unos puntos en los planos que nos dieron. Teníamos que pasar nosotros solos por ellos sin ayuda de los monitores, pues estos se encargarían de vigilar los puntos para confirmar nuestro paso por ellos. La marcha comenzaba en el campamento y terminaba en él. Cuando nos dieron un tiempo para organizarnos leí el plano para saber cuanto y por donde andaríamos a demás de coger los rumbos de cada uno de los puntos. Este “honor” me fue "democráticamente" cedido por todos los de mi grupo, pues eran sabedores que solo yo tenia algo de idea de cómo regresar sin extraviarnos. La marcha constaba de varios puntos separados por unos 5 kilómetros cada uno, por terreno semimontañoso, (no recuerdo la zona), eran 4 en total mas el último que era el campamento... total unos 25 Km. para hacer en unas 5 horas o así.
Comenzaron las patrullas a salir con un intervalo de unos 15 o 20 minutos. La nuestra salió la tercera. Comencé a aplicar toda mi sabiduría y dimos con el primer punto. Que fácil es decirlo pero era la primera vez que andábamos en el monte y cansa un montón, sudábamos como pollos, íbamos con la lengua fuera pues a demás teníamos el tiempo contado y encima la presión de no dar con el punto y tener encima que andar mas y mas. Veíamos a lo lejos de cuando en cuando patrullas deambular por el monte en direcciones que no eran correctas.
Tras el primero llegamos al segundo, y al tercero, y al cuarto. Sin agua y destrozados alguno comenzó a sentir lo que era tener ampollas y llagas en los pies, doloridos y agotados todos divisamos a lo lejos el campamento al que llegamos dentro de los limites previstos y como tenían previsto los mandos llegamos derrengados. Pero llegamos los primeros y sin equivocaciones. Cosa que no recuerdo que me agradeciera ninguno de mis compañeros. Seria el cansancio. Mas tarde llego otra patulla que había confundido uno de los puntos. Después la otra que tuvo el mismo problema. Por ultimo la cuarta que por lo visto solo encontró el punto final y anduvieron la tira de kilómetros venían peor que nosotros y encima cabreados. Lo que no les sirvió para padecer el castigo correspondiente y chuparse las imaginarias y demás quehaceres del campamento.
Pero aun teníamos que hacer alguna marchita mas, ese día, nuestra primera marcha nocturna.