
Capítulo 3º
COMIENZA EN SERIO
LA CAPACITACIÓN
Cuando quisimos darnos cuenta, al cabo de unos días, teníamos asignado todo nuestro material individual de “COMBATE”: Trinchas, ceñidor, cantimplora, mochila, saco de dormir, marmita, etc. cetme, subfusil y “MOSQUETON” (el máuser de cerrojo). Y sin querer comenzó nuestra andadura hacia el objetivo final “CONSEGUIR LA BOINA VERDE”. Como siempre todo comienza a la carrera, esa primera mañana de capacitación la empezamos con una carrera de calentamiento de unos 8 o 10 Km. en un cómodo traje de deporte compuesto de camiseta, pantalón corto y zapatillas deportivas. Corríamos y sudábamos como cerdos, pero nos motivaba el hecho de que pensábamos que era solo una carrera, y luego descansaríamos. A ver no serian tan brutos de hacernos trabajar mas después de tanto esfuerzo, pensaba yo y otros compañeros. Corríamos casi siempre hacia la zona del caño 18 que era una zona de marismas, barro y agua salada donde nos enteraríamos mas tarde de lo que es “las marchas de barro”.
Al terminar esa primera carrera, llegamos al la Unidad hechos unos zorros, pensamos que haríamos algo mas relajado. Nos dieron 5 minutos para cambiarnos de faena (camiseta, guerrera y pantalón verde, botas y boina azul) salimos a formar, y por lo pronto nos ordenaron remangarnos la guerrera por encima del codo, y se nos notifico que iríamos así todos los días con frío o calor. Esta razón obedecía a que el frío no existe pues un guerrillero de la UOE “nunca lo sentía”, eso formo parte de nuestro pensamiento como “Dogma de Fe”, injustificable pero indiscutible que eso era así y ya esta. De momento no era relevante, el clima en noviembre aun era lo suficientemente cálido en la zona de Cádiz. Una vez uniformados al efecto y formados de nuevo se nos mando coger “a la carrera” nuestros asignados mosquetones. Dios que mal trago mas faena para el cuerpo, que asco. Una vez pertrechados con toda la indumentaria y armamento comenzó sin mas una nueva carrera con el arma en las manos, pues esta carecía de correa portafusa, repetimos el kilometraje con mucho mas cansancio que antes, como es lógico.
Al termino de la carrerita paramos en una zona despejada, dentro del parque cercano a la Unidad y nos empezaron ha explicar, para ejecutarla a continuación, una tabla de combate... ¿combate? Que bien sonaba esa primera vez. La tabla consistía en unos movimientos simples pero tremendamente eficaces que se resumían en “como ponerse cuerpo a tierra” y “como levantarse de nuevo” todo un alarde de técnica combativa. Ahora, con el paso del tiempo, se comprende y entiende que el objetivo de la “tabla”, aparte de aprender lo de cómo tirarse al suelo, era básicamente el de forzar la maquinaria humana para que al borde de la desesperación, agotamiento, rabia y etc. consiguiéramos disciplina, unión, orden y una capacidad de obediencia ciega en nuestros mandos. Cosas que para que un ejercito funcione como un reloj son imprescindibles. Pero claro para el soldado que tiene que hacerlo esto es horroroso padecerlo. La técnica consistía:
Para ponerse cuerpo a tierra:
Tiempo 1.- Se dobla el lomo con el arma suspendida con las dos manos hasta que la culata se apoya en el suelo. Quedando en cuclillas y algo inclinado hacia adelante, volcando el peso del cuerpo en el fusil que hacia de palanca.
Tiempo 2.- Se lanzan hacia atrás las piernas con fuerza hasta que el cuerpo queda completamente estirado apoyando los dos pies en el suelo, con toda su parte interior, con las piernas abiertas y con la culata haciendo apoyo. Es decir con tres puntos los dos pies y la culata. Una posición tremendamente incomoda y cansada. Pues todo el peso del cuerpo se vuelca en el fusil a plomo y este en único punto de sustento “la culata”.
Tiempo 3.- Dejar caer el cuerpo suavemente, a la par que con rapidez, hasta colocarnos tumbados con todo el tronco y piernas descansado en el suelo. Eso si era un descanso.
Para levantarse:
3, 2 y 1 Obviamente como el anterior pero a la inversa (coño, coño, coño como jodía la historia).
Bien pues dicho así puede sonar incluso aceptable, ja ja ja... El problema no era hacerlo si no como se hacia:
Fiiiiiiiiiiiirrrrrrmes ¡AR!
Arma en prevengan ¡AR! (El arma se coge con las dos manos en diagonal separada del cuerpo a la altura de la cara). Explicaciones, regañinas, corrección de posiciones... A ver tu inútil ¿qué pasa que eres un mierda y no puedes ni con el palo de una escoba? ¡COJE EL MOSQUETON CON FUERZA!, ¡TU LEVANTA MAS ARMA QUE ESTO ES LA UOE Y NO UN COLEGIO DE NIÑAS! Todo tranquilamente a gritos “pataditas y golpecitos” para corregir posiciones. Los monitores pasaban por entre las filas de nuestra formación corrigiendo hasta lo incorregible. ¿Con que objeto nos hacían esto?... esta bien claro para endurecer nuestros músculos y nuestro espíritu. Pasaban los eternos minutos y el peso del arma era directamente proporcional al tiempo que pasábamos en esa posición. Cómo pesaba el mosquetón tras unos 5 o 10 minutos de gritos y correcciones 5 Kg. ¡Una Mierda! Al menos 12 kilos joder... ¿cuando nos tumbaremos en el suelo para descansar?, pensaba.
Cuerpo a tierraaaaaaa: Coño por fin.... ¡Quietos todos (ordenaba el sargento) que lo haremos por tiempos!..... ¡CUERPO A TIERRA POR TIEMPOS!...
¡TIEMPOOOOOOOO UNO!: nos agachábamos en cuclillas doblando el lomo y tocando con la culata en el suelo, no era demasiado incomodo estar así, se llevaba más o menos bien.... pero también cansaba un poco pues el peso del cuerpo se apoyaba en el fusil ya que estábamos algo inclinados hacia adelante. (Si no recuerdo mal, si no QUE ME CORRIJA ALGUIEN, que a estas alturas no sé si alguno lee esto).
TIEMPOOOOOOOO DOS: Peroooooo tras unos minutos de silencio el tiempo tres no venía. ¡Dios! ¿Por que no seguimos?.. Nuestros oídos nos hacían levantar la vista hasta nuestro sargento... ¡A VER, LOS MONITORES, IR PASANDO PARA CORREGIR A ESTAS NENAZAS!... ¡Madre mía! de nuevo Gritos, etc. otros 10 minutos mas o menos en POSICIÓN 2 (la mas jodida, afirmo). El cuerpo empezaba a temblar, los nervios se disparaban solos y la templanza se acababa de golpe. Algunos nos caíamos más o menos pronto. Otros, los más cachas, aguantaban el tirón; pero todos estábamos para reventar OS LO JURO. El tiempo 1 no era un tiempo si no una eternidad.
TIEMPOOOOO TRES: ¡buf! Por fin un respiro tumbados para reponer aliento. Vuelta a corregir las “posturas” esta vez los monitores pasaban sobre nuestros pies andando y aplastándonoslos, por que la posición exigía un perfecto paralelismo del pie con el suelo quedando totalmente apoyado en el suelo... Pues pesaban bastante estos monitores, hombre. El tiempo que pasábamos en esta cómoda posición era mas bien breve, demasiado breve diría yo, demasiado breve ¡que pu...! ¡Qué PENA! (Queda mejor así).
De repente y sin recobrar el aliento, como puede suponer el sufrido lector, comenzaba el ponerse en pie.... ¡POR TIEMPOS, A ver si no! Vuelta a empezar pero en orden inverso. Por dios de nuevo a la posición 2 que ahora es la 1.... otros larguísimos minutos de sufrimiento, que para qué contar.
Repetíamos este “Cuerpo a tierra una, dos, tres... y no sé cuantas veces mas” cada vez mas cansados y cabreados, pero aguantábamos y nos mordíamos la lengua para no soltar (al menos en un tono audible) ningún improperio, insulto ni nada parecido... solo algún gruñido o alguna “cosilla” mas bien silenciosa. Nuestro odio hacia los monitores y el sargento iba "in crescendo" conforme nos íbamos agotando.
Para rematar la faena nos hacían correr y ponernos cuerpo a tierra, por la zona donde estábamos, a una velocidad endiablada, PASO LIGERO.... CUERPO A TIERRA.... EN PIE..... PASO LIGERO.... CUERPO A TIERA... EN PIE.... era completamente exasperante y agotador una y otra vez en cuestión de segundos. Ya no sabíamos que era peor si por tiempos o a esa puñetera velocidad...... ¡De las dos formas era horroroso!.... La guindilla “para curtirnos los codos, pues íbamos remangados” era que al cabo de un rato comenzamos a reptar después de tomar tierra... PASO LIGERO.... CUERPO A TIERA... REPTAR.....REPTAR.... EN PIE....... PASO LIGERO.... CUERPO A TIERA... REPTAR.....REPTAR.... EN PIE....... así seguíamos durante horas hasta la 1 o así.... Repetían esto incansablemente una y otra vez... Bueno también como es lógico cada 20 minutos o así nos paraban y dejaban en descanso a discreción, sin romper filas, el tiempo que duraba un pitillo. Ellos también eran "un poco Humanos" y se cansaban de dar órdenes.
La zona de las tablas estas, del demonio, era el parque que estaba pegado a la Unidad, bonito para pasear y que precisamente no era un parque de “recreo” para nosotros, estaba muy arbolado con caminos para andar y bancos para sentarse, había en el un helicóptero enorme de los años 50 o así, a modo de monumento. Estático y algo desvencijado que a nosotros en alguna ocasión nos sirvió, no para contemplarlo, si no para hacer algún ejercicio que no recuerdo muy bien. Era un aparato que nos llamo la atención por su forma algo estrambótica, yo era la primera ves que veía una cosa así, la cabina estaba a una altura considerable del suelo y parecía mas una pera que un artilugio volador. Ahí estaba monstruoso, enorme observándonos permanentemente como un coloso indestructible.
Por fin regresamos a la unidad, a paso ligero ¿o que pensabas?.. ¿Qué íbamos a ir andando, paseando alegremente?... pues no, CORRIAMOS Y CORRIAMOS siempre a todos lados. Llegamos a la unidad y nos daban unos pocos minutos para ducharnos. Descubrimos entonces a un personaje cuyo ascenso a la escala de oficiales era inmediato, sin cursos o academias, sin calificación ni estudios superiores. Un elemento que tenia la más mala leche de todos los “mandos” de la unidad... era el más odioso, indeseable, detestable y no sé cuantas cosas mas.... Tenia por aquel entonces una graduación de CAPITÁN... era en fin, nada más y nada menos que, el CAPITAN DE JARDINES. El encargado absoluto y absolutista de LAS DUCHAS Y SU AGUA CALIENTE, un desdén de limpieza sanitaria. Pero nos cortaba el agua a su antojo, y cuando tenías el jabón por todo el dolorido cuerpo y se te iba el santo al cielo bajo el chorro de agua tibia... El Cabronazo (perdón) cortaba el agua caliente y dejaba el agua helada, lacerante y flagelante, que hería aun más nuestra ya maltrecha piel y que coño “QUE SENTABA COMO UNA PATADA EN LOS COJONES BIEN DADA”. Valiente canalla.... a continuación nos echaba de las duchas sin habernos quitado la espuma a gritos horribles y a demás como el agua estaba para morirse pues salíamos corriendo. ¿Y ese era Capitán?, je je je..... Menudo “CAPITAN”. Evidentemente no era capitán si no un cabo o soldado al que “graciosamente” llamaban Capitán de jardines... los cuales eran los retretes y duchas y tenia la obligación de mantener limpios todo el DIA. Pero, como he dicho antes era el amo y señor del agua caliente para la tropa... La cual cedía voluntariosamente por las tardes (y sin límite) a sus más allegados cursos y amigos. Y restringía arbitrariamente a los pelones, capacitantes, y otros poco avenidos a el. Fue entonces cuando me di cuenta que hay que tener “AMIGOS HASTA EN EL INFIERNO”, o al menos en estos "jardines".
Por las tardes dábamos teórica (topografía, radio, técnicas de supervivencia, etc.), para mí era ameno y entretenido creo que en eso fui buen alumno y aprendí muchas cosas de las que me he servido a lo largo de mi vida. Si no recuerdo mal en estos temas era el “prímer” de la clase y mis compañeros a cuidan a mi después de las 5, al termino del trabajo, para que les solucionase dudas y problemas al respecto. Jamás me perdí en el campo, manejaba muy bien los planos y la brújula, fui un buen operador de radio... y maneje con soltura el armamento. La vez que tuvieron que irnos a buscar por que nos habíamos perdido... no fue cierto. Nos metimos en un pajar a dormir por que no podíamos más, y tuvimos que excusarnos de algún modo para que no nos pasara nada ante el sargento... A demás los paisanos nos invitaron a desayunar, pero esto lo contare más adelante.
Después de las 5, se terminaba la faena y entablábamos relaciones mas o menos amistosas con los veteranos (padres y abuelos, aunque sé que este léxico ya no se usa) y hacíamos recadillos de cantina a los más vejetes del lugar. Cosa que no era inhumana, no denigrante ni nada de esas cosas modernas de psicólogos y demás elementos extraños. Servía para entablar amistades, aclarar posiciones en el grupo, hacerse espabilado y lo suficientemente pillo. Y sobre todo ponían a cada uno en el sitio que le correspondía... Joer que la veteranía es un grado, faltaría más.