Capítulo 1º

                MI INGRESO EN

                NOVIEMBRE DE 1978

 

Pues llegamos al TEAR una noche de noviembre, después de un viaje en tren "El BORREGUERO" lentísimo a la par que divertido. Entramos en la plaza de armas, una plaza que más que de armas bien pudiera llamarse de "TOROS" casi redonda y toda ella con soportales y dos o tres pisos de altura (no recuerdo bien cuantos), un público agolpado en las barandas de los pisos, pidiendo a gritos la oreja; pero no la del toro si no las nuestras, cambiaron los pañuelos por objetos diversos que arrojaban mientras los espectadores elevaban el griterío e insultos hacia nosotros, sin ningún miramiento ni piedad alguna, mientras estábamos formados en el centro totalmente acobardados, llenos de un temor profundo y deseando por lo más sagrado que la cosa no fuese a más. Momentos en los que ni el mas valiente de nosotros podía casi vocalizar nada lo suficientemente claro como para animar a ninguno; yo solo deseaba que aquel público que parecía salido del circo romano, se quedase en donde estaba y que no comenzase ninguno una arrancada, como la de los toros, hacia nosotros por que el resto de personal se hubiese abalanzado hacia nosotros como fieras hambrientas. Los segundos parecían horas y los minutos días... no pasaba el tiempo, parecía que mi reloj se hubiese detenido de pronto. Creo que jamás he sentido una sensación igual, la desesperanza era total y más parecía que nos fuesen a ejecutar en masa que un recibimiento de nuevos reclutas. Los gritos machacaban mis oídos... PELONES... QUEREMOS CARNE FRESCA... y un sin fin de cosas que ya no recuerdo, pero si mantiene mi memoria un pánico casi absoluto.

Por fin comenzó el reparto de ganado, los suboficiales de las diversas compañías vinieron a recoger a sus reses, y la plaza comenzó a despejarse al tiempo que el publico cruel e inhumano fue a tomar posiciones en sus barracones para acoger con todo el calor y cariño que se merecían los PELONES DEL 5º REEMPLAZO DEL 78, el mío, el miedo era tal que casi no respirábamos al llegar a la unidad... ¿que pasara ahora?, ¿que harán con nosotros?, ¡Dios donde me he metido!... multitud de dudas y arrepentimientos se agolparon en mi cabeza nublando cualquier acto de lógica y razonamiento, además por que no tenía yo mas que 16 años en ese momento y mis compañeros "carnaza como yo" ente 21 y 23. Pasaron unos cinco minutos hasta llegar a nuestro destino final, un pequeño paseo silencioso... mas parecía que íbamos al cadalso que a una época de nuestra vida que después seria, al menos para mí, maravillosa y añorable hoy día después de 20 años.

Llegamos por fin temiéndonos lo peor, a la recepción de estos elementos nuevos, de estos pelones, de esta carne fresca sin ningún tipo de derechos ni humanos ni inhumanos, salió un ser mas bien salido de una pesadilla que de un cuartel. Este hombre era alto y fuerte tremendamente barbudo, muñequera de cuero, mangas remangadas en Noviembre que hacia frió de noche, una boina verde ceñida y ladeada hacia la izquierda, actuaba como si fuese amo y señor de todo lo que en la Unidad hubiese ya fuese animado o inanimado, plantado en la puerta recibió al sargento con voz alta, clara y grabe; este ultimo nos entrego a su voluntad y a la de algunos pocos que habitaban ese barracón. El suboficial se marcho y con el cualquier tipo de protección hacia nosotros, pronto empezó el griterío: Pasaron lista... nos asignaron cama y taquilla... todo a la par que nos empujaban y obligaban a correr sin parar.... entrábamos "corriendo", salíamos "corriendo"... meábamos también corriendo... una confusión tremenda se apodero de nosotros que solo sabíamos correr sin sentido... no atinábamos ni dábamos pie con bolo. Perdimos cualquier capacidad de raciocinio, corríamos, corríamos sin saber a donde, no encontrábamos taquilla, ni litera, de pronto estabas fuera con una ropa de cama cuando debías estar al pie de tu litera, buscabas una taquilla en el WC, o la cama en el pasillo... y siempre alguien te gritaba cerca del oído, muy cerca, "AQUI TODO SE HACE A LA CARRERA PELON, CORRE CORRE"...”¿QUE HACES AQUI CON ESA CARA DE JILIPOLLAS; VE A TU TAQUILLA CORRIENDO, A LA CARRERA PELON" pelón, carrera, corre, muévete pelón... mil cosas que hacían que en pocos segundos uno dejase de ser un ser humano para pasar a ser definitivamente un PELON. Cosa que en poco tiempo se asumía.

Por suerte para mi, y para los demás, la reclutada... la patada del recluta solo quedo en eso, no había mas que 8 o 10 boinas verdes en la Unidad el resto estaba en algún sitio de España, pero no supe donde hasta que me toco irme a mi. Estaban en el portaaeronaves Dédalo en la costa de Bilbao de guardia permanente por si había disturbios ya que se celebraba el referéndum de Noviembre de 1978, que nos traería la democracia. Aunque fue rápido... no lo fue lo suficiente pues yo me licencié en el 80 aún con el código militar de la dictadura ó sea el de Carlos III... que entre otras cosas decía "El soldado tiene derecho a pan, sal, aceite y un lugar en la lumbre... etc., y el ciudadano esta obligado a dárselo" (más o menos).

Esa noche nos acostamos "acojonados", temiendo cualquier cosa... pero llego la mañana sin más. Los veteranos dejaron automáticamente de tratarnos "tan mal" como esa noche y nos pusieron en manos de los mandos y monitores de CAPACITACION (¿Recuerdas Aguilera?)

 

 

 

        Capítulo 2    Artículos

©Asociacion Veteranos UOE 5º ESTOL