
HOMENAJE
A LOS VETERANOS

Ramsés en su carro de guerra
Este es un texto publicado en una revista de arqueología y varias cosas mas, si aun tienes el espíritu de un soldado y sientes la nostalgia de aquellos tiempos pasados en el ejercito, sea cual fuere tu arma o cuerpo, o bien si sientes ese espíritu guerrero en tus venas aun sin haber sido soldado léelo, creo que conmueve.
GRITOS DE GUERRA
Me llevaba Ramsés II a las batallas. En su carro de guerra yo era, con mi hermano gemelo, parte de la guarda delantera. En el carrete que me corona sujetaba mi faraón las riendas.
Cómo volábamos por la llanura infinita abriendo brecha entre el enemigo. Él, con su casco azul, con la armadura protegida por los amuletos de los dioses, la espada en la mano poderosa, como un dios él también, un invencible dios de la guerra. A nuestros flancos, el resto de los carros. Detrás la infantería, vestida de blanco. El divino Ra sobre nosotros, y enfrente ¡LA GLORIA!.
Y en el viento, el viento de fuego de mi tierra de kem, los gritos de guerra.
Gritaba Ramsés la furia del guerrero. Gritaban los soldados, dando rienda suelta a su fiereza y a sus ansias de victoria. Y gritaba yo, pidiendo paso, exigiendo paso para mi señor.
Mira mi rostro de oro. Grito, al volar de mi carro, y mis alaridos infunden temor al enemigo. Me siento poderoso, por que mi voz es la voz de la fuerza, porque acompaño en el riesgo a mi rey, porque yo también me juego la vida, me juego, si caigo, el acabar destrozado por las ruedas de los demás carros.
En mis orejas de león, el fragor del combate. Me gusta oírlo, es la vida entre tanta muerte como me rodea. Y en mis ojos entrecerrados al polvo del campo de batalla, todo el esplendor salvaje de la lucha de los dos ejércitos.
Era Kadesh. Y mi señor Ramsés, el invicto, se irguió vencedor sobre mi caja, y alzó los brazos al cielo agradeciendo a Amón la victoria.
Cuando regresamos al palacio, me devolvieron a mi lugar, con los otros carros: el de parada, el de paseo, el de caza...
Descansé, pero mi boca sigue abierta en un grito silencioso. Ahora grito en la paz. Sin ruido, sin voz, pero sé que se me oye lo mismo. Somos muchos los que gritamos en silencio, abriendo las bocas sin sonido, pero elocuente el gesto. Recuerdo viejas batallas, y el ardor me posee, y vuelvo a sentir a mi faraón enroscando las riendas en mis carretes...
Mi grito hoy es de añoranza. De deseo de una vida que no va a volver. De amor por Egipto dormido en los milenios, gastado por la arena. De lealtad a mi rey que me llevó por caminos de gloria, que confió en mi para sustentarlo en el combate.
Es el grito de todo lo que fue.
Guarda del carro