VALIENTES POR TIERRA

                Y POR MAR

                                               

(CORONEL D. JULIO YAÑEZ GOLF )

 

Al conmemorar en febrero de 2008 el 471º aniversario de la Infantería de Marina, mis Jóvenes Infantes, tenemos todos que sentir el orgullo y la necesidad de pensar en ella, de plasmar en unas pocas líneas todo lo que los “Infantes” sentimos por nuestro honorable Cuerpo.

 Intentar resumir la historia del Real y glorioso Cuerpo de Infantería de Marina Española, la más antigua del mundo, sería como pretender sintetizar los hechos más sobresalientes de la historia de España, pues nuestro Cuerpo se ha encontrado presente en todas sus épicas jornadas.

 La mar, escenario del mundo y bajo estrellas de todas latitudes, vio desde 1537 cómo los soldados del Tercio de la Corona, transformados en Infantería de la Real Armada, se batían abordando y saltando sobre las cubiertas de los navíos enemigos.

 Después, los Tercios de Galeras, el Tercio de Sicilia, el Tercio de Armada… todos ellos siempre en lid, siempre valientes por mar.

 Ni batalla ni encuentro naval hubo sin que estos esforzados hiciesen gala de su bravura. Sable de abordaje en mano, pecho generoso y buscando el cuerpo a cuerpo, escriben páginas de heroísmo rubricadas con su vida.

 Por tierra, estos legendarios guerreros de la mar, asisten y acuden donde el enemigo esté, y con igual arrojo que sobre las frágiles cubiertas de madera, saben dar cuenta de él o morir en el empeño, inmortalizando su nombre y cosechando honor y gloria para España, siempre que necesario fuera.

 SU HISTORIA

 La semblanza de aquella Marina era la de sus soldados y hemos de sentirnos cohibidos por la figura de tales guerreros y bajo el peso de sus laureles, esforzarnos en ser dignos de tradición tan excelsa.

 La Infantería de Marina española es tan antigua como la Armada misma, ya que desde que se organizó ésta en el reinado de Fernando III el Santo, bajo el mando del almirante Bonifaz, guarnecieron sus escuadras, como elemento esencial de combate; los Proeles situados en la proa, prestos al abordaje; los Alieres, que colocados en las alas y costados se mantenían a la defensiva preparados para rechazar el abordaje enemigo; y los Sobresalientes, encargados de eliminar las acometidas desde distintos lugares de la nave. Durante los siglos XIII y XIV, los célebres ballesteros llamados Tablas, junto a los Almogávares (término que nos quieren “birlar los pistolos”) que al grito de “Desperta Ferro” y bajo el mando de prestigiosos caudillos como Roger de Flor, Bernardo de Rocafort o Berenguer de Entenza, escribieron uno de los capítulos más sorprendentes y novelescos de la expansión del reino de Aragón por el Mediterráneo. Roger de Lauria, almirante de la Flota, lanza su célebre sentencia: “Los peces mismos a asomarse no se atrevan… si en el lomo las armas de Aragón no llevan...”.

 En la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) en el Tercio de la Mar, embarca a bordo de la galera Marquesa como soldado aventajado Miguel de Cervantes Saavedra. En el golfo del mismo nombre, y bajo el mando de don Juan de Austria tiene esta escuadra un encuentro con el turco acaudillado por Alí Bajá, quedando seriamente quebrantado el poder de la Media Luna, “sacando” Cervantes, además de dos arcabuzazos en el pecho, una herida en la mano siniestra que le queda sin movimiento, valiéndole el sobrenombre de “el manco de Lepanto”. Tiempo más tarde, al escribir Cervantes sobre las heridas en el combate decía “estrella son que guían a los demás al cielo de la honra“

 La Infantería de Marina es hoy un pujante cuerpo de tropas especiales en el que se condensan dos de las más excelsas cualidades del soldado español: la agresividad de la Infantería Imperial y la clásica destreza de los marinos del Descubrimiento.

 El infante de Marina, protagonista del primer asalto en todo desembarco, representa el brazo más avanzado del poder naval en su proyección a tierra en defensa de los intereses de España.

 SUS HECHOS.

 Flandes, Sicilia, Cerdeña, Tolón, Milán, Cochinchina y Filipinas, Méjico, Cuba, Santo Domingo, Buenos Aires y Cartagena de Indias, Marruecos, Orán, Guinea y el Sahara, Gibraltar, Ferrol, Bailén, Ocaña, San Pedro Abanto, Tolosa y la Muela de Carrión, Sidi-Ifni y el Aaiún , jalonan el itinerario de su ruta marcial. Los combates navales de Lepanto, cabo Sicié, isla Tercera, San Vicente, Trafalgar, Cavite y Santiago de Cuba son hitos gloriosos de su historia.

 Todos los continentes cuyos mares se tiñeron con la sangre de la Infantería de Marina, cosechando honor y gloria para España, fueron testigos de las heroicas hazañas de nuestros “Infantes” ganando en el castillo del Morro en la Habana, el título de Real Cuerpo, tras una increíble defensa que 600 hombres hicieron ante 12000 soldados de la flota inglesa durante 44 días. El enemigo para tomarlo se vio obligado a volarlo con explosivos, y cuando al fin consiguió entrar, sólo encontró un montón de cadáveres.

 Estos héroes alcanzaron para sus banderas la Cruz Laureada de San Fernando en San Pedro de Abanto, la corbata carmesí en recuerdo del Pendón de Castilla que los Reyes Católicos llevaron a la conquista de Granada; la Corbata Azul de Tolosa en Francia al arrojar de nuestra patria al francés acaudillado por Napoleón Bonaparte, la Blanca Pontifical concedida por el Papa y la Medalla Militar.

 Son estos hombres los que por su acreditado valor hicieron al Cuerpo acreedor de lemas como “ Valientes por Tierra y por Mar “ o el de “ Valor y Disciplina” en la batalla de Tolosa; de títulos como “ El Invencible” dado al Tercio de Armada en el siglo XVIII; de privilegios como el concedido por Real Orden de 1886 de “Ocupar en campaña el puesto de mayor peligro: el de extrema vanguardia en los avances y el de extrema retaguardia en la retirada; ir a la cabeza en las columnas de desembarco; cubrirlas con sus guerrillas y estar en primera línea de choque.

 Valor es arrojo y acometividad frente al enemigo, y es también servir siempre con lealtad y eficacia.

 Todos estos hechos gloriosos han ido gestando un patrimonio invulnerable que debemos mantener y acrecentar y que nos obliga a comprometernos una y otra vez con la Patria, a derramar por ella y su Bandera hasta la última gota de nuestra sangre si fuera necesario .El camino que nos traza nuestro Glorioso Cuerpo es aquel que nos hace entregar cada día de nuestra existencia al cumplimiento de nuestras obligaciones, con la íntima satisfacción del deber cumplido. De un deber al que los “Infantes” ofrendaron siempre lo mejor que tenían: sus propias vidas envueltas en su Bandera.

 En la Infantería de Marina se enseña a ser hombres de honor, como guía de nuestra vida. Es el patrimonio del alma que eleva nuestra existencia a Dios.

 En la Infantería de Marina se aprende, por último, lo más importante: a amar a España, nuestra Patria, y a su bandera, símbolo sagrado que representa lo que simboliza.

 SUS PATRONOS

 En la batalla naval de Lepanto “la más alta ocasión que vieron los siglos”, la escuadra arbolaba el estandarte de la Liga que tenía en crucifijo el Santísimo Cristo de Lepanto; la Real portaba el estandarte de Nuestra Señora de Guadalupe; en ambas advocaciones se amparó nuestra escuadra solicitando su protección.

 La tradición asegura que don Juan de Austria alojaba en su galera el 7 de octubre de 1571 una imagen de Nuestra Señora del Rosario del "Hospital de Galeras" del Puerto de Santa María. A esta Virgen del Rosario rindió culto la Marina hasta muy avanzado el siglo XIX.

 Por Real Orden de 19 de abril de 1901 se dispone que sea la Santísima Virgen del Carmen la patrona de la Marina.

 Desde muy antiguo, el cuerpo de Infantería de Marina, veneraba por patrón al mártir del sigilo sacramental San Juan Nepomuceno. Nacido en Nepomuk (Bohemia) en 1330, fue confesor de la reina Doña Juana, cuyo esposo el rey Wenceslao, deseoso de conocer sus secretos y contrariado por la negativa de aquel, dispone sea arrojado atado de pies y manos al río Vitava (1393). Su cadáver, desde el agua emitía luz.

 Al cabo de 300 años su lengua fue hallada incorrupta y el 19 de marzo de 1729 Benedicto XIII le canonizó en la basílica de San Juan de Letrán.

 A su ejemplo y con el fin de que el Infante de Marina no quebrante la consigna que se le da defendiéndola heroicamente y como estímulo del estricto cumplimiento del deber, fue puesto el Cuerpo bajo su protectora advocación como “mártir del sigilo sacramental y abogado de la buena fama”, en 24 de mayo de 1758, según testimonio de don Juan José Navarro, Marqués de la Victoria, antiguo infante de Marina.

 Desde entonces se le veneró, celebrándose anualmente su fiesta el día 16 de mayo.

 A MODO DE FINAL…

 ¡Queridos futuros Jóvenes Infantes de Marina!, pensad que los infantes no podemos olvidar fácilmente estos 471 años de vida de historia militar. Son los años que ennoblecen nuestra sangre, el orgullo que brota de nuestro corazón, la raíz que anclada en el pasado, abastece nuestro espíritu de servicio y se proyecta hacia un futuro sin fisuras en sus valores esenciales.

 ¡Madre del Monte Carmelo, San Juan Nepomuceno! Vuestros infantes os pedimos acrecentéis nuestro sentido de responsabilidad frente a nuestra vocación (amarrada firme a vuestro cobijo y razón de nuestro ser y nuestro existir), generosidad total a España, sin reservas, y fidelidad hasta el fin a la heroica tradición de nuestro Glorioso Cuerpo.

 

Gloria a aquel que ofrece su vida entera

Por la Patria y el amor a su Bandera…

Honra siempre dio a la Armada

Esta noble Infantería…

Por tierra y mar nos envía

Nuestra Patria a batallar.

Y es nuestro lema de guerra

Ser valientes por Tierra

Y ser valientes por la Mar

 

 

 

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